Crítica de MATERIALINFLAMABLE  en el Festival Cádiz en Danza

Crítica de MATERIALINFLAMABLE en el Festival Cádiz en Danza

El hipnotismo de un maestro

16/06/2013. Francisco Mesa

CRÍTICA. El programa de mano de esta inolvidable obra aquilata en pocas palabras las sensaciones vividas en la Sala Central Lechera de Cádiz: “Bailar es algo parecido a encender una chispa y confiar en que se transforme en una llama, que prenda un fuego que ilumine el escenario y atrape nuestros sentidos como lo hacen las hogueras, que comprometa nuestra imaginación y nos alumbre ese “algo más” que no encontramos en nuestra vida cotidiana o que no podemos nombrar con palabras”. (Guillermo Weickert)

‘Material inflamable’ es fuego, de ese fuego que crea adicción. Después de su actuación, imaginamos a Guillermo Weickert como pirómano impenitente en cada una de sus interpretaciones, creando “danza-adictos” de forma inevitable. Su interpretación vino un día después de su Master Class, incluidas ambas en la programación del XII Festival Internacional Cádiz en Danza. Sus alumnos, entre otros, pudieron comprobar de primera mano, en esta prolongación de su docencia, la maestría del coreógrafo e intérprete en el uso de materiales, organizados de forma coherente en un solo dancístico hipnotizador y vivificante.

La escena se dispone despejada y casi desnuda, sólo importa la mirada sobre el artista, vestido de calle, camiseta y pantalón vaquero. La luz, un lienzo de áureos reflejos y la música de Vítor Joaquím son los únicos recursos escénicos. Basta el cuerpo. Un cuerpo de apariencia normal y ya madura, como atestigua su pelo de sal y pimienta. Ese cuerpo y ese indumento cotidiano supondrían para muchos un cepo para la danza. Al contrario, Guillermo Weickert maneja con sabiduría ese instrumento, ajustado y perfilado con los años. De forma natural y previsible, surge la fascinación por la fluidez, no exenta de una intensidad fulgurante, con la que engarza las figuras de sus composiciones corporales, moldeadas al límite del escorzo imposible. Durante una hora, que se sienten como minutos, el artista muestra el control sobre los espacios, incluido el interior que deja entrever a través de la mirilla de sus ojos.

La exploración del cuerpo se adentra en las sensaciones que producen las pisadas sobre restos arrojados al suelo, la representación teatral de una pelea imaginada, el chupete improvisado con el dedo gordo del pie… hasta la composición pictórica que produce el sudor de la espalda sobre el muro, se integra de forma lógica en este ‘Material inflamable’ que nos dejó anonadados.  DIARIO Bahía de Cádiz Francisco Mesa

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