“Itálica danza entre el ‘glamour’ y la austeridad¨ por Margot Molina para El País Andalucía

“Itálica danza entre el ‘glamour’ y la austeridad¨ por Margot Molina para El País Andalucía

“Hemos unido el glamour del imperio romano y la austeridad cisterciense”, afirma divertido Juan Antonio Maesso, director artístico del Festival Internacional de Danza de Itálica, una cita que desde 1988 ha llevado a Sevilla lo mejor del género y que, a pesar de los recortes y de la retirada de la aportación del Ministerio de Cultura, continúa haciéndolo.

La Martha Graham Dance Company, formación que guarda el legado de una de las creadoras de la danza moderna americana, es la estrella de la programación de esta 25ª edición de Itálica que comenzará el 2 de julio con el estreno de La satisfacción del capricho, de Bárbara Sánchez. La cita se prolongará hasta el día 21 e incluye Metamorfosis de Ovidio, una producción del Ballet Nacional de Marsella con coreografía de Frédéric Flamand que ha contado con la colaboración de los diseñadores brasileños Humberto y Fernando Campana; Correr o fado, de los portugueses Quorum Ballet y con coreografía de Daniel Cardoso, o If at all, de los israelíes Kibbutz Contemporary Dance Company.

La nota monacal la pondrá el vecino monasterio de San Isidoro del Campo, donde Casiodoro de Reina y otros monjes abrazaron las reformas protestantes por lo que fueron perseguidos por la Inquisición. Su llamado claustro de los muertos se convertirá, por primera vez, en una de las sedes del Festival de Itálica.

“Hemos querido apoyar especialmente a los creadores locales, artistas con una gran calidad que trabajan habitualmente fuera de su ciudad y que el público tiene pocas oportunidades de disfrutar. Hemos conseguido que Guillermo Weickert recree el Cantar de los cantares, uno de los libros de la Biblia, para un lugar tan especial e íntimo como es el claustro de los muertos”, explica Maesso. La recreación, titulada Lirio entre espinas, es una de las tres producciones propias del festival y se representará en San Isidoro, de donde salió la famosa y protestante Biblia del Oso en el siglo XVI, durante seis noches y con un aforo para tan solo 90 espectadores.

“Hemos pedido a la compañía de Martha Graham que presente dos programas distintos. Uno con creaciones de Graham sobre mitos clásicos como Teseo, Edipo o Elena y Paris; y otro en el que se estrenarán en España piezas encargadas a coreógrafos actuales como Lucca Veggetti”, apunta el director.

Además de la traducción del sensual Cantar de cantares que Weickert hace al lenguaje coreográfico, otra de las apuestas propias es Acostumbrismo, una obra colectiva de Mopa Producciones sobre la iconografía de una romería con Juan Luis Matilla, Clara Tena, Élida Dorta y Fran Torres.

La satisfacción del capricho, el homenaje a Isadora Duncan con el que se inaugura el festival, es también producción propia. “Es una coreografía de Bárbara Sánchez en la que nueve mujeres [seis bailarinas y tres músicos] escenifican el éxtasis, algo que ellas entienden como un estado de excesiva sensibilidad ante la vida”, añade Maesso.

Un ensayo de ‘Lirio entre espinas’, de Guillermo Weickert.

En esta edición, con un presupuesto de 550.000 euros, el Ministerio de Cultura ha retirado su aportación, que habitualmente era de 150.000 euros. Algo que, en opinión de la diputada de Cultura, Beatriz Sánchez, “no obedece a criterios técnicos, sino políticos”. “Simplemente nos han dicho que el festival de Itálica no cuenta con compañías o artistas de tres comunidades autónomas distintas a la que organiza la muestra, un requisito que nunca ha existido y del que nadie nos informó antes. Es una faceta más de la visión tan particular de la cultura que tiene este ministro”, lamenta Sánchez.

La muestra, que por primera vez financia en solitario la Diputación, cuenta con un 20% menos que en 2011. “El festival tiene 10 días menos que el anterior, pero mantenemos el mismo número de espectáculos, lo que es posible gracias a un gran esfuerzo en la racionalización de las labores de producción”, asegura la diputada.

El origen del festival, siempre organizado por la Diputación de Sevilla, fue una muestra de música y teatro que comenzó a celebrarse en 1981 en el anfiteatro romano de Itálica, ubicado en el conjunto arqueológico del municipio sevillano de Santiponce. La cita se especializó en la danza en 1988 y permaneció en el anfiteatro hasta 1992. Un año después, descartado el monumento romano por razones económicas y de conservación, el festival inició un peregrinaje que le llevó al Teatro de la Maestranza, la Cartuja de Santa María de las Cuevas, el Real Alcázar y al patio de la Diputación.

En 2011, cuando se celebró la anterior edición ya que desde 2001 es bienal, sus responsables consiguieron llegar al que parece que será su sede definitiva: el teatro romano de Itálica.

“Con esta segunda edición en el teatro, y una vez terminadas las obras de consolidación y rehabilitación del monumento, esperamos que se convierta en un referente escénico para los veranos de Sevilla. Además de los espectáculos, que en esta ocasión giran en torno a los mitos clásicos, hemos abierto un ambigú en el que actuará el cuarteto Gurugú Sax [que lidera Luis Navarro] todos los días antes y después de las representaciones”, comenta Maesso, responsable del festival de Itálica desde su creación.

El teatro romano, con un aforo de 850 localidades, conserva casi un 60% de sus gradas originales y algunos de sus elementos decorativos. De este espacio procede la ménade que inspira todos los carteles del festival, siempre realizados por artistas, y que en esta ocasión firma Antonio Sosa.

 

También puedes leer esta noticia directamente en la web de El País